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19/06/2025
Hay días en los que nos despertamos sintiéndonos como un susurro —frágiles, casi invisibles— y otros en los que nos levantamos como una canción. Entre ambos no hay magia ni suerte, sino los rituales silenciosos que nos regalamos cada día.
La confianza, al igual que la seguridad, no se hereda. Se construye.
Y los ladrillos son pequeños, tan pequeños que a menudo pasan desapercibidos. Pero con el tiempo, forman un hogar dentro de ti. Un lugar seguro. Un espacio donde finalmente te sientes... suficiente.
Empieza donde estás, no donde «deberías» estar.
El mayor mito sobre la confianza en uno mismo es que comienza con ser bueno en algo. Pero no es así.
Comienza con estar dispuesto.
Dispuesto a aparecer. Dispuesto a escucharte a ti mismo.
Dispuesto a equivocarte y volver al día siguiente.
«La confianza no es la ausencia de dudas, sino la decisión de seguir adelante a pesar de ellas».
Deja de lado el perfeccionismo. Empieza por estar presente.
Siembra cada día semillas de confianza en ti mismo.
Piensa en los hábitos no como obligaciones, sino como pequeños votos:
«Hoy me sentaré conmigo mismo durante cinco minutos».
«Me hablaré a mí mismo con amabilidad».
«Respiraré antes de reaccionar».
No se trata de tareas.
Son actos de devoción hacia tu yo futuro.
«Cada pequeño acto de respeto por uno mismo es un susurro a tu alma: te estoy escuchando».
La confianza crece en el terreno de la constancia.
Y lo que riegas, crecerá.
Reemplaza la dureza con la dulzura.
A menudo pensamos que la fuerza suena como un grito.
Pero a veces suena así:
«Me perdono por lo que hice ayer».
«Estoy aprendiendo».
«Estoy orgulloso de mí mismo por volver a intentarlo».
«Ser amable contigo mismo no es debilidad, es sabiduría».
Porque solo con delicadeza podemos reconstruir verdaderamente lo que se rompió.
Ancla tus días en algo sagrado
Las rutinas sin intención se convierten en tareas domésticas.
Pero con un propósito, se convierten en rituales.
Ya sea escribir un diario, encender una vela, meditar, estirarse, caminar o simplemente respirar profundamente antes de tomar el café, marca cada día con algo que le diga a tu espíritu:
«Tú importas. Estás aquí. Y te estás convirtiendo».
«Tu hábito diario no es solo una acción, es una declaración: creo en la persona en la que me estoy convirtiendo».
Un susurro final
Si estás listo para construir tu propia revolución pacífica,
te invito a dar el primer paso: creer en ti mismo.
No algún día. No cuando te sientas preparado.
Sino hoy mismo.
Porque la confianza no es algo que se encuentra. Es algo que se crea.
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